“Hijos de Homero” de Bernardo Souvirón

•mayo 6, 2008 • 2 comentarios

Grecia, el Amanecer de nuestro presente. Un caudal de reflexiones me están viniendo a la cabeza al leer, con apasionado interés, la obra de Bernardo Souvirón ,”Hijos de Homero”, un interesantísimo ensayo sobre las raices profundamente griegas de nuestra civilización, y cómo los mitos y el modelo social básico que ellos establecieron han moldeado el espiritu y el alma del hombre actual. Me han hecho retomar antiguos pensamientos que el genial escritor de viajes Javier Reverte vertió en su estupendo libro-viaje por Turquia y Grecia llamado “Corazón de Ulises”.

La deuda moral, intelectual y social a la antigua Grecia es inabarcable. Es tan grande que nuestro día a día de hoy sería absolutamente diferente si esa llama de conocimiento que con su luz hizo desaparecer las tinieblas de la historia anterior, se hubiera apagado de repente (por ejemplo, en el caso de que los persas hubieran ganado las decisivas batallas de Maratón, Salamina y Platea).

En el lenguaje, el alfabeto (que copiaron en parte de los fenicios, perfeccionándolo) es una genial invención helena, (alfabeto viene de alfa-beta, las dos primeras letras del idem griego). Mientras que los fenicios lo usaban como un instrumento comercial solamente, los griegos lo dotaron de alma al descubrir que podía servir para plasmar algo más que burdos trueques de mercancias. De esta cosecha nació Homero, (s VIII a.c) controvertido autor de la Ilíada y la Odisea, posiblemente el primer escalón de la literatura occidental. Su labor y su acierto consistió en escribir una historia que hasta entonces sólo se transmitía oralmente  en forma de canto o declamación por parte de los rapsodas de la época.

En las matemáticas, las aportaciones de Pitágoras, Euclides y otros tantos supusieron el comienzo de la numerización de las cosas y el descubrimiento de que había unos principios que parecían inamovibles (las leyes matemáticas) en un mundo cambiante y difícil de comprender.

En humanidades, los filósofos griegos fueron los pioneros en reflexionar y buscar los origenes y motivos de la presencia del hombre en el mundo. Para ello usaron una herramienta única del hombre: el razonamiento. Tan lejos llegaron en sus elucubraciones, tanto pensaron en todo, que el legado de ideas que han llegado hasta nosotros en forma de libros (Sócrates, Platón, Aristóteles), todavía hoy son revisados e interpretados.

En política, los griegos superaron a todo lo anterior. Descubrieron el valor del individuo entendido como un elemento aislado del resto y el valor que su opinión y fuerza debía darle al colectivo que era la sociedad. Ello les hizo reflexionar y crear la democracia ( literalmente el gobierno del pueblo), un sistema político en el que no gobernaban unos pocos, sino que una mayoría (aunque no todos) de los habitantes de la Polis (ciudad) tomaba las decisiones que eran necesarias para el bien de todos los ciudadanos (otra creación suya). Este pensamiento, tan extraño hasta entonces en la historia de los hombres, tan único, tan igualable e irrepetible, permitió que en el Renacimiento y la ilustracion estas viejas ideas volvieran a tomarse en cuenta a la hora de reformar el caduco sistema autocrático de gobierno y que ese sistema renaciera y se perpetuara hasta nuestros días.  Pero su grandeza real radica en que fueron los únicos que lo imaginaron, ya  que ningún otro pueblo en la história pensó ni mucho menos utilizó un sistema parecido para organizar la sociedad.  

La deuda es imposible de satisfacer. Pero además, y en agradecimiento por todo esta estupenda herencia, nuestra vana y superficial sociedad actual ha relegado al olvido a sus propios padres. El estudio de las humanidades decae de forma espectacular en todo el mundo y la mercantilización de todas las actividades del hombre dejan poco espacio para otras cosas que no sean ganar dinero y generar beneficios. Pero lo pagaremos muy caro, pues el olvido de nuestro pasado será una dura losa para la tumba de los futuros hijos de Homero.

 

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Los túmulos de Vergina desvelan nuevos secretos

•abril 28, 2008 • Dejar un comentario

Aegae es el nombre de la antigua capital del reino griego de Macedonia. Hasta los años 70 era un pequeño pueblo del norte de grecia llamado Vergina sin ninguna referencia con el pasado histórico de un país que tampoco existía ya, dado que Macedonia no fue de nuevo oficialmente un estado independiente hasta el año 1991.

Fue el arqueológo griego Manolis Andronikos quien hizo un descubrimiento que dió la vuelta al mundo: Dentro del conjunto de túmulos (tumbas en forma de pequeña elevación de tierra), que estaban localizados muy cerca del pueblo actual, había uno mucho más grande que los demás que, una vez excavado, descubrió todos sus secretos: enterrados dentro de él habia tres pequeños edificios en forma de templo griego en los que se descubrió el mayor tesoro que nunca se ha hallado en Grecia: oro, plata y piedras preciosas. Pero el mayor tesoro no era el meramente económico de las piezas en sí, sino el tesoro artístico y sobre todo histórico que Andronikos consiguió revelar al mundo, pues aquellas eran las tumbas de tres reyes de macedonia: Filipo II, padre de Alejandro Magno y muy posiblemente las de su hijo bastardo Filipo III Arrideo (hermanastro de Alejandro) y del hijo del conquistador de Persia: Alejandro IV. El munto entero esperó con ansia la notícia de que también se había hallado la tumba del Gran Alejandro, pero era imposible, dado Alejandro murió en Babilonia y fue enterrado en el norte de Egipto, en Alejandría.

Las tres tumbas estaban intactas, no habiendo sido violadas por los saqueadores, y en ellas se descubrieron bellisimas coronas de oro, Urnas funerarias macedonias (larnax), de forma cuadrada y realizadas en oro macizo y con la estrella argeada ( nombre de la casa real de Filipo y Alejandro) grabada en la tapa; un escudo reducido a piezas por el tiempo; una armadura en hierro y oro; grebas (espinilleras) y otros utensilios militares: espada, casco etc…

Han pasado muchos años desde entonces y la comunidad científica internacional parecía haber dado por buena la suposición de Andronikos acerca de la identidad de los personajes enterrados allí…Hasta ahora, pues un equipo interdisciplinar ha estudiado de nuevo el yacimiento junto a National Geographic y ha elaborado una nueva teoría atrevida y ciertamente apasionante. Según ellos, el estilo de los frescos encontrados en la tumba principal, determinados detalles arquitectónicos y la unidad de medida de diversas piezas no encajan con la época en la que vivió Filipo, por lo que creen que la tumba principal en realidad corresponde a la que debería haber ocupado Alejandro, pero como éste murió en Babilonia y fue enterrado por su general Tolomeo en Alejandría (el famoso soma que tanto busca Zahi Hawass), creen que se reutilizó para su hermanastro Filipo Arrideo y éste se hizo enterrar con los objetos de su hermano… Es decir que el peto, el casco, el escudo, la espada, la corona, el larnax real y el cetro encontrados corresponden en realidad a Alejandro!. De poder comprobarse esta teoría, el museo de Vergina se convertirá en un sitio de peregrinaje obligado para mucha gente a la que todavía embruja la figura del gran macedonio Alejandro (al que dedicaremos otro día una minibiografía).

Descansen todos en paz…

 

“Crema de Pollo y Remolachas Rojas” Receta de Varrón. M.G. Apicio

•abril 12, 2008 • Dejar un comentario

Hoy nos apetecia publicar una ración doble de Apicio. Para evitar tantas calorías de los postres, una cremita para abrir boca…

la receta la recoge Apicio, indicando que él no es el creador, sino un tal Varrón, del que no sabemos nada. Creo que esta crema, necesitada de menos elaboración, si que se amolda más a nuestra época y puede haber sobrevivido en las recetas que, de abuela a hija o a nieta, se han ido transmitiendo a lo largo de los siglos.

Crema de Pollo y Remolachas rojas. (para 4 personas)

  1. 1 Kg de Remolacha Roja.
  2. 4 muslos de pollo.
  3. 1 cucharada de sal
  4. 5 cucharadas de aceite.

limpiar y trocear las remolachas, añadir lo demás y cocer en 2 litros de agua durante dos horas. Una vez cocido, sacar los muslos de pollo y triturar las remolachas y el agua de cocción, hasta obtener una crema homogénea.

Deshuesar los muslos de pollo, cortar la carne en filetes y añadirlos a la crema. tritular todo de nuevo. Servir en cuencos.

Bon profit.

 

 

“Pastel Dulce” de M.G. Apicio.

•abril 12, 2008 • Dejar un comentario

Seguimos con otra receta dulce de Apicio (ver el primer post de la sección), un pastel con ingredientes algo singulares. Hemos de valorar en su justa medida el enorme tiempo transcurrido entre la época de nuestro Gourmet y la nuestra y intentar cocinar con rigor y curiosidad este postre exquisito. No sé, quizás hasta el mismo Nerón lo degustaba en el Palatino mientras recitaba sus poemas, todo ello mientras veía arder Roma de punta a punta…

Preparad la libreta de notas, que ahí va:

Pastel Dulce.

  1. 250gr de nueces.
  2. 50 gr de piñones.
  3. 5 gr de pimienta.
  4. 4 cucharadas de miel.
  5. 2 cucharadas de salsa de soja.
  6. 2 cucharaditas de pasta de anchoas.
  7. 1/2 litro de leche.
  8. 3 huevos.
  9. 2 cucharaditas de aceite de oliva virgen extra.

Tostar las nueces y triturarlas junto con los piñones y la pimienta. Mezclarlo con la miel, la salsa de soja y la pasta de anchoas (para hacerla tan sólo es necesario meter en el mortero varias anchoas limpias y desaladas previamente -no sirven las de lata- y triturar la mezcla con una pizca de orégano. El resultado es una imitación del mítico producto romano “el Garum”, del que nos ocuparemos otro día). mezclar aparte la leche, los huevos y el aceite y batirlo bien, añadiendo a continuación la pasta de piñones, nueces, soja y anchoas.

Preparar un molde y añadirlo todo. cocer al baño maría durante 1 hora vigilando para que cuaje. Dejarlo enfrirar y reposar. Se sirve frío o del tiempo.

Buen provecho.

La Gran Pirámide de Keops

•abril 4, 2008 • Dejar un comentario

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Hace unos años, pude cumplir un sueño de infancia. Recuerdo con especial frescura ese día porque la vida es extremadamente caprichosa y no siempre puede uno darse ese lujo. Desde luego, y en mi caso, alcancé desde primera hora de la mañana de ese día del mes de mayo un estado de excitación y alegría que duró horas. recordé los cientos de veces que había podido admirarla en fotos, desde catálogos de agencia de viajes, a libros de todo tipo. El día al que me refiero, conseguí ver las pirámides de Gizeh de cerca y entrar en la última de las siete maravillas de la antigüedad que se conserva: La Gran Pirámide de Keops.

La historiografia lo data en el comienzo de la IV dinastía egipcia, durante el reinado de Keops, hijo de Snefru (otro constructor de pirámides), aproximadamente en torno al 2550 a.c, o sea hace más de 4500 años. Los número son frios, pero el abismo temporal que nos separa de aquella gente aumenta el mérito de la construcción hasta cotas mucho más elevadas.

Desde siempre ha sido uno de los monumentos más apabullantemente grandiosos que nunca se han construido. Tiene actualmente más de 146 metros de altura (originalmente medía más) por 230 metros de lado (aprox) y su mole de piedra podría contener dentro con holgura a la basílica de San Pedro en el Vaticano. Se ha calculado que contiene más de 2.300.000 piedras de aproximadamente 2,5 Tn de peso cada una, aunque ese cálculo es ciertamente aproximativo. el área que ocupa equivale al de siete campos de futbol uno junto al otro. Otro dato: si desmanteláramos la pirámide y levantáramos un muro de dos metros de altura, éste tendría una distancia de 1.600 Km, o sea, una distancia que le permitiría dar toda la vuelta a Francia. Originalmente estaba recubierta por una capa de piedra blanca pulida que ha desaparecido, quedando tan sólo cuatro piedras en una de las bases como recuerdo de cómo debió de impactar en su momento. El efecto cuando el sol daba en sus caras debió ser cegador y alucinante.

La entrada actual corresponde al llamado túnel de Al-Mamun. Esta es una abertura en la obra viva de la pirámide perpetrada por un jeque árabe allá por el año 800 por que en esa época se había perdido la localización de la entrada original. no se sabe cómo alcanzó la confluencia de dos corredores, uno descendente y otro ascendente que comunican con una de las obras maestras de la arquitectura del mundo antiguo: La Gran Galería, un corredor ascendente amplio y diáfano que contiene una de las más antiguas soluciones contructivas para descargar peso de un espacio vacio: una bóveda de piedra que va cerrando el espacio conforme se asciende. Esta cámara, que no tiene escalera propia (la que hay es una moderna) es un misterio en sí misma. Yo creo que nadie hasta ahora ha podido dar una solución satisfactoria a su utilidad práctica y a su extraña forma: hay quien dice que era una especie de ascensor para elevar piedra hasta arriba, otros que si tiene una función religiosa… en fin, se sabe poca cosa.

Pues bien, la galería nos lleva, salvando la llamada Cámara de la Reina, hasta una pequeña sala con un rastrillo de piedra tras la cual se sitúa la Cámara del Rey, una sala recubierta en granito negro que contiene un sarcófago vacio y roto y las entradas a dos pequeños corredores que atraviesan la pirámide de lado a lado y que están relacionados con la función más creible para la misma: el servir como escalera celestial para que el alma del faraón llegara hasta las estrellas circumpolares, un grupo de astros que permanecen aparentemente fijos en el cielo y que constituian. según sus creencias, el lugar de origen y destino de los faraones.

Otra de las cuestiones misteriosas acerca de la Gran Pirámide es la perfección del ajuste de sus esquinas: todas ellas están orientadas a los cuatro puntos cardinales con tal perfección que sorprende conocer su antigüedad, pues cuadrar de forma tan perfecta las enormes distancias entre las diferentes esquinas deberían haber supuesto un problema de difícil solución para un pueblo tan antiguo y poco desarrollado tecnológicamente como el egipcio, pero la realidad está ahí y si hay algo cierto es que lo consiguieron. las más correctas mediciones, llevadas a cabo por el prestigioso arqueólogo y metrólogo Flinders Petrie, revelaron que los lados tienen una equidistancia en grados asombrosa: los más modernos aparatos de medición podrían alcanzarla, pero sin ellos sería casi imposible. Lo que decimos, un enigma.

Encima de la Cámara del Rey están las llamadas Cámaras de Descarga, unas aperturas en el interior de la pirámide, justo encima de la indicada, que aparentemente descargan del enorme peso soportado por los millones de toneladas de peso que tiene que soportar. No son visitables y en una de ellas fue donde se encontró la única inscripción que existe en la pirámide: un pequeño cartucho pintado donde figura el nombre de Keops.

En los últimos años se han llevado a cabo varias expediciones, patrocinadas por National Geographic y Discovery Channel para introducir un aparato por los mal llamados canales de ventilación de la Cámara de la Reina. el resultado ha sido que han alcanzado a su vez otra mini puerta unos metros más arriba sin saber que hay detrás. Habrá que esperar un poco más para desentrañarlo. Además, varias expediciones con aparatos de ultrasonidos han detectado espacios vacios detrás de paredes y cámaras, por lo que deben existir nuevas habitaciones aún no detectadas…

Si alguna vez viajáis a Egipto, no dudeis en visitarla: si los guías os indican que no vale la pena entrar en ella, no debéis hacerles caso, porque mienten. Lo que pasa es que es más dificil acceder con grupos a la Gran Pirámide y mucho más sencillo comprar entradas para las otras dos, mucho menos interesantes y más rapidas para entrar y salir, pero que no tienen ni el encanto, ni el misterio, ni la sobrecogedora sensación de que algo allí no cuadra y debe ser explicado.

 

 

Recetas con historia. “De Re Coquinaria”. Marco Gavio Apicio

•marzo 30, 2008 • 2 comentarios

Inauguramos nueva sección con la enorme ilusión de descubrir, semana a semana, una pequeña porción de historia consistente en una simple receta de cocina. Algo tan sencillo que alcanza trascendencia si remarcamos que proviene de un maravilloso legado bimilenario que nos ha sido transmitido milagrosamente : las recetas que Marco Gavio Apicio recopiló en el único recetario que, más o menos, ha llegado íntegro hasta nuestros días. Creo que es sumamente curioso y interesante el poder asomarnos al abismo de siglos que separan nuestros fogones o encimeras de un hogar romano y, de esta forma, construir un puente entre nuestra cultura alimentaria y la que disfrutaban las élites imperiales romanas de hace dos mil años. Porque se trata de jugar un poco a degustar los mismos platos que hacían furor en las grandes villas patricias y en el mismísimo Palatino de Roma, donde residía el emperador y su familia.

Apicio es un personaje que se difumina en las nieblas de la historia. La forma actual en la que nos ha llegado el libro data de aproximadamente el año 1498. Sus recetas no pertenecen sólo a la época de Apicio (siglo I d.c), sino que hay interpolaciones que por lo menos se remontan hasta la época de Diocleciano (siglo III) y incluso más tardías. El motivo es simple: cada compilador añadía nuevas recetas al que consideraban un tratado de cocina practico y actual y no un simple libro de historia. De Apicio en sí se sabe poco; se cree que vivió en la época de Tiberio, que fue amigo de Druso y que era inmensamente rico, tanto que decidió dedicar su fortuna a los placeres de la gula y que gustaba de gastar enormidades en manjares cada vez más exoticos. Ciertamente es un reflejo de la tan famosa “decadencia” romana, y algunas de sus recetas podrían ser mesa de cualquier bacanal cinematográfica, llena de nobles romanos gordos y astutos como Peter Ustinov o Charles Laughton.

Cada semana procuraremos publicar una receta, no tal y como aparece en el libro de Apicio, sino con la ayuda de las explicaciones que Atilio A. del Ré, autor italiano que ha experimentado de forma real con ellas, con resultados, a su entender, muy satisfactorios.

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Pastel de Queso

Ingredientes: 6 cucharadas de miel // 5 huevos // 250 gr de queso blanco (feta si es posible) // 600 ml de leche. 

Mezclar las cucharadas de miel con los huevos y el queso blanco. Hay que diluir la mezcla gradualmente con la leche. Debemos filtrarla para eliminar los grumos y las burbujas de aire.

Hornear a fuego medio (130º) en un molde untado de aceite o mantequilla, tapado herméticamente hasta que se endurezca la mezcla (una hora u hora y media). Dejar enfriar y reposar media hora, dejando escurrir el liquido que haya sobrado y sirviéndolo en un plato con un poquito de pimienta por encima.

a ver quien se atreve….

 

La epopeya de Aníbal Barca. Cap.I

•marzo 15, 2008 • Dejar un comentario

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“Aníbal cruzando los Alpes”. Francisco de Goya.

A la mayoría de la gente de hoy en día, el nombre de Aníbal no les dice absolutamente nada. Todo lo más que les puede venir a la cabeza es el personaje central de la más que correcta película “El Silencio de los Corderos”, añadiendo siempre detrás, por supuesto,  el apelativo de “caníbal”. Si acorralan  un poco más a sus neuronas , puede ser que recuerden (del colegio probablemente), que fue un general, o algo así,  que tuvo algo que ver con elefantes y que atravesó los Alpes no se sabe muy bien para qué. La historia es una disciplina cultural fascinante, y creo que no está bien que ignoremos a un personaje que tuvo mucho que ver con los acontecimientos que determinaron en qué se convirtió el país que hoy conocemos como España, además de que su vida, trepidante y digna de ser novelada como pocas, no deja respiro a todo aquel que le da una oportunidad.

La investigación actual sobre su figura y los constantes descubrimientos arqueológicos sobre el mundo púnico están haciendo cambiar su imagen , modificando la que nos ofrecen las fuentes clásicas, en las que fue denostado y vilipendiado por todos los historiadores romanos (Tivo Livio principalmente) y filoromanos (Polibio), los cuales, al describir aquellos hechos  desde el punto de vista de los vencedores romanos y al escribir con clara intención propagandística, dejaron en sus contemporáneos, llegando hasta nosotros, una imprecisa descripción de su vida llena de crueldad, bajeza, artería y malas artes (la perfídia púnica). Esta visión falseada y interesada en extremo ha conseguido hacer calar en el subsconsciente colectivo de todas las generaciones posteriores a los hechos la impresión de que los habitantes de cartago eran rufianes de la peor calaña. Nada más lejos de la realidad, como vamos a comprobar.

Aníbal fue el hijo mayor de Amílcar Barca. El nombre significa “aquel que es grato a Baal”, el cual era uno de los principales dioses de la religión cartaginesa. El apellido no es tal, sino un apodo que su padre adquirió en la primera guerra púnica, en la que fue considerado el general y estratega militar más capaz y inteligente de ambos bandos. Significa “el rayo”, y elogiaba la rapidez y fuerza con que ejecutaba sus movimientos en el campo de batalla. El sobrenombre se convirtió en el principal apelativo de la familia y en un signo de distinción.  Por ello los historiadores hablan siempre de “los bárquidas”.

La primera guerra púnica enfrentó a romanos y cartagineses en una contienda en la que acabó imponiendose Roma y en la que los norteafricanos perdieron Sicilia, Córcega y Cerdeña. La economia púnica necesitaba de nuevos territorios donde desarrollar las innatas habilidades comerciales heredadas de su patria fenicia y es ahí donde Amílcar decidió apostar por la península ibérica, demostrando mucha inteligencia al permitir a su nación abrirse a nuevas tierras sin chocar con el enemigo romano, que tan sólo tenía allí alguna ciudad aliada (como Sagunto).

Aníbal llegó con nueve años a Hispania, entrando en la misma por la antiquísima Cádiz, que había sido fundada por sus antepasadados fenícios ya hacía mucho tiempo. En el templo de Melkart, y según algunas fuentes, Amílcar hizo jurar a su hijo (la leyenda tiene un ligero tufillo a trola inventada) que siempre sería enemigo de los romanos, determinando su futuro y el de su patria en la consiguiente conflagración bélica. 

La concepción cartaginesa de las relaciones con su entorno estaba basada fundamentalmente en una visión comercial de la cuestión: necesitaban los metales y materias primas que tenía el territorio donde operaban (en este caso hispania) y comerciaban en parte para adquirir esas materias, aunque también ejercieron un control militar de determinadas zonas para asegurarse la producción de materias vitales como los metales preciosos (oro, plata, estaño y cobre principalmente). Pese a ello, demostraron inteligencia al fomentar el respeto a las demás religiones, instituciones y constumbres, aunque exigian, como estado basado en un fuerte ejército, que las naciones donde tenían presencia les cedieran hombres para defender sus intereses.

Pues bien, Amílcar murió ahogado en un enfrentamiento en la ciudad de Elike o Ilike (para la mayoría se encontraría actualmente en Elche de la Sierra), sustituyéndole su yerno Asdrúbal, que negoció un tratado con el senado romano por el que ambas no cruzarían respectivamente el río Iberos (Ebro), respetando las zonas de dominio de cada una de las potencias. Muerto a su vez Asdrúbal, el ejército votó por unanimidad que Aníbal debia ser su sucesor, obteniendo a la edad de 23 años el control de toda Andalucía y parte de Levante y debiendo gestionar un imperio en creación y un ejército basado en las huestes mercenarias de los íberos, que en su época estaban muy bien considerados como guerreros. Su gestión primeriza chocó con varias tribus, iniciando sus primeras campañas bélicas en territorio celtíbero (toma de Salamanca) y encontrando un hueso duro de roer en la elevada ciudadela de Sagunto, a la que cercó y puso en asedio. Esta postura chocó frontalemente con la de los embajadores romanos, que alegaban que Sagunto era amiga de Roma mucho antes de entrar en vigor el tratado del Ebro y que exigían a Aníbal dejar a sagunto en paz, negándose nuestro personaje a ceder en esas pretensiones y logrando tomar la plaza tras siete meses de asedio. Su decisión arrastró a su nación a otra guerra, que su genio convirtió en quasi mundial, ya que acabaron interviniendo muchas otras naciones.

El consiguiente razonamiento de Aníbal fue de una sencillez brutal: Roma quería la guerra, eso era claro, ¿porque?, muy sencillo, ambicionaban lo mismo que ellos. Debido a ello, debía tomar la iniciativa en la guerra, y si no podía atacar a Roma por mar, dado que en ese campo sus enemigos eran mucho más fuertes que él, lo ideal era sorprenderles por tierra y intentar lo que a ningún general en sus cabales se le ocurriría: atacar la propia Italia a través de los Alpes.  La notícia debió ser un auténtico jarro de agua fría para su estado mayor, seguro que todos pensarían que se había vuelto loco. Pero no, las fuentes nos indican que desde hacía meses, Aníbal tenía un plan minuciosamente preparado, habiendo hecho varias incursiones en la Galia para pactar con las tribus celtas que se encontrarían en el camino y para preparar la logística que necesitaba: puestos de defensa, comida, forraje, etc, etc. Dicho y hecho, y con el visto bueno de toda su gente, reclutó el mayor ejército que nunca hubiera tenido un bárquida bajo su mando (90.000 hombres aprox) y, saliendo de Carthago Nova, remontó todo el levante, pasando los pirineos por el paso de Camfranc (el más probable), cruzando toda la Galia, atravesando el rio Ródano y divisando al final del camino las primeras estribaciones de los inaccesibles montes alpinos.

Lo que aconteció a continuación es una de las mayores gestas nunca conseguidas en la historia. Todo queda envuelto en la niebla de la leyenda. Frío, nieve, viento, aludes…no sabemos cómo consiguió este hombre que un ejército mayoritariamente compuesto por mercenarios le siguiera con lealtad a prueba de bombas hasta las estribaciones alpinas y una vez allí, y sabiendo a lo que se arriesgaban, consintieran en continuar.  Además, y ese fue el hecho que le hizo ser recordado para la posteridad, les acompañaron varios elefantes africanos de guerra, los cuales, domesticados desde hacia tiempo, eran una de las sorpresas tácticas que él se guardaba en la manga.

 ….

hasta la semana que viene.