Publio Cornelio Escipión “El Africano”.

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Arqueólogos de la Universitat de Barcelona (UB), bendito lugar al que un servidor dedicó muchas horas de su tiempo (sobre todo a su excelente bar), han descubierto en la localidad tarraconense de Amposta el enorme campamento militar desde donde comenzó la romanización de la peninsula. Situado enfrente de Amposta, en el término de La Palma, ocupaba más de treinta hectáreas y fue ocupado por los 25.000 soldados que Escipión llevó a la península y con los que derrotó de forma definitiva al poder de Cartago.

Escipión fue, junto a Mario, César y Pompeyo, el general más prestigioso que nunca tuvo Roma. Proveniente de una familia patricia de rancio abolengo, los Escipiones, que habían ocupado desde antiguo las más altas magistraturas de la República y cuya “gens” o identidad social dentro de las primitivas tribus que ocuparon las siete colinas del Lacio, siempre había resonado en las reuniones del Senado.

Su padre, también llamado Publio Cornelio Escipión, llegó a ser cónsul (la más alta magistratura romana, compuesta por dos personas elegidas por un año y que ostentaban el poder de forma conjunta) y logró relevancia al iniciarse la segunda guerra púnica, cuando Anibal, el genial estratega cartaginés, que había declarado la guerra a Roma y había conseguido atravesar los Alpes con su ejército y elefantes en una marcha legendaria, se enfrentó con él y le venció en las primeras y decisivas batallas de la guerra (Ticino y Trebia). Recuperado de las heridas recibidas en las escaramuzas, reclutó un nuevo ejército y se dirigió a Hispania, donde fue derrotado y muerto junto a su hermano Cneo. (si alguna vez pasáis por Tarragona, a la altura de Roda de Barà hay un monumento funerario que los recuerda).

Escipión Africano fue testigo directo de la enorme derrota romana en Cannas, donde Aníbal aniquiló en el año 216 a ocho legiones romanas (más de 75.000 hombres) con menos de la mitad de hombres. Esta batalla, por cierto, se comenta todavía hoy en día en la famosa academia de West Point en la que los profesores desgranan las tácticas empleadas en esa batalla como ejemplo del genio militar del mítico cartaginés. Comprobó qué cosas no se debían hacer en un campo de batalla y tomó debida nota de lo que había hecho su enemigo.

El pánico que provocó Cannas en el subsconsciente romano fue de tal envergadura que el dia en sí siempre fue recordado como el más infausto de su calendario y hizo acuñar la famosa frase que las madres repetían a sus hijos cuando supieron que Aníbal había acampado a las afueras de Roma: ! Annibal ad portas!

La situación requería medidas desesperadas y así fue como Escipión consiguió convencer, pese a su juventud, que era necesario que le concedieran el mando de un ejército: el de Hispania. Allí llegó, desembarcando en Ampúries (Girona), y una vez comprobó que sus tropas estaban bien entrenadas, se dirigió al sur, comenzando la conquista de nuestra península ibérica con la toma de Sagunto y redondeándolo posteriormente con el audaz asedio de Carthago Nova. Todo ello culminó varios años más tarde con las victorias sobre los ejércitos cartagineses en Baecula e Ilipa y la expulsión posterior de éstos.

La situación de Anibal era desesperada, llevaba más de 17 años luchando y ganando en Italia, pero no había podido doblegar a Roma. Cuando supo que Escipión había tomado su mismo camino atravesando el mar, desembarcando en Túnez y comenzado el sitio de Cartago, entendió que su aventura en Italia debía tocar a su fin.

Se enfrentaron en las infecundas llanuras de Zama. La noche anterior de la batalla, Escipión recibió en parlamento a Anibal, que sabía que, por primera vez en su vida, esta vez no podía ganar. Las fuentes indican que los dos se elogiaron mutuamente aunque no pudieron llegar a un acuerdo sobre las condiciones necesarias para no comenzar el combate. La Historia nos dice el resto: Escipión venció y, a partir de ese día fue llamado “Africanus” en honor a esa victoria.

Pero la patria no pagó bien sus servicios, pues una vez volvió a Roma y se estableció como senador, fue llamado de nuevo a filas y enviado a oriente, desde donde al volver, victorioso de nuevo, fue acusado de malversación de fondos públicos por sus enemigos políticos. Eso, para un hombre que siempre demostró humildad y servicio a la patria fue definitivo y se retiró de la politica. Tanto despecho provocaron en su persona que, en la tumba colectiva que los Escipiones tenian (y tienen, pues todavía existe y es visitable) al comienzo de la Via Appia en Roma, no hay ni rastro de nuestro protagonista pues se negó a ser enterrado allí.

Si alguna vez pasais por la A-7, al cruzar el Ebro por Amposta, estareis entrando en la leyenda, pues de no haber sido por Escipión, nuestro país puede que nunca se hubiera romanizado y quien sabe que idioma hablariamos…

Ave.

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~ por nvmantinus en enero 31, 2008.

2 comentarios to “Publio Cornelio Escipión “El Africano”.”

  1. Me encanta la historia de Africanus, es de mis favoritas, un gran general traicionado por su propia Patria.

    • Escipion es un personaje fascinante. Un hombre inteligente que, a diferencia de la mayoría de sus compatriotas, supo entender y adaptar con mucho éxito, casi haciéndolas suyas,las ideas de un genio: Aníbal.
      Roma, como España, era una nación ingrata con sus hombres brillantes.

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